El Defensor del Pueblo de Río Cuarto, Daniel Frangie, participó de una entrevista en la mesa de Breves Streaming donde analizó uno de los fenómenos que más preocupa en la actualidad: el crecimiento del juego online entre adolescentes y jóvenes.
Durante la charla, Frangie explicó que la Defensoría realizó un estudio junto a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Río Cuarto para analizar la relación de los jóvenes con las apuestas digitales.
A partir de ese trabajo surgió un dato que encendió alertas: “Uno de cada cinco jóvenes, especialmente varones, tiene alguna propensión a participar en el juego online”, señaló el defensor.
Según explicó, el estudio no buscó medir cuántos chicos ya apuestan, sino analizar la predisposición que tienen a involucrarse en estas plataformas digitales.
“El trabajo se enfocó en estudiar la propensión. No necesariamente hablamos de ludopatía, pero sí de una exposición creciente a este tipo de estímulos”, explicó.
Frangie indicó que el fenómeno se alimenta de múltiples factores, entre ellos la publicidad constante en redes sociales y el uso de figuras deportivas que promocionan estas plataformas.
“Es un bombardeo permanente. Los jóvenes ven a sus ídolos deportivos o a influencers vinculados al juego y eso genera una fuerte presión”, sostuvo.
Además, planteó que muchos adolescentes se acercan a estas prácticas buscando dinero rápido o por una necesidad de pertenecer a un grupo.
“Algunos lo hacen pensando en ganar dinero, sobre todo en contextos económicos difíciles. Otros lo hacen por pertenencia: todos mis amigos juegan y yo también quiero participar”, explicó.
Frangie fue contundente al advertir sobre las consecuencias del fenómeno: “Con el juego online siempre perdés, no se dejen engañar”.
El defensor sostuvo que se trata de un problema complejo que requiere respuestas institucionales más amplias.
En ese sentido, consideró que el debate debe darse a nivel nacional, ya que las ciudades tienen pocas herramientas para regular un fenómeno que funciona a escala global.
“El camino es empezar a legislar y a tomar medidas. Hay que discutir cómo nos vinculamos con la tecnología y cómo protegemos a nuestros jóvenes”, afirmó.
Finalmente, remarcó que el desafío principal no es solamente prohibir, sino promover el diálogo entre familias, escuelas y el Estado.
“El enorme desafío es poder dialogar y construir consensos sociales sobre cómo nos cuidamos frente a estas nuevas plataformas”, concluyó.